No dudo de tus buenas intenciones. No dudo, siquiera, de tu buena moral, si es que existe tal cosa.
Dicho esto, espero que tomes el que te considere ingenuo como un esfuerzo de mi parte para evitar epítetos peores.
Sin embargo, creo que vale la pena aclarar, aunque más no sea para ejercer docencia de causas perdidas: nunca entenderé la costumbre de quedarse con menos porque se cree merecer más.
Me remito a la historia, no tan lejana. El mejor marxista que hemos tenido (un estudioso y militante de verdad, no de los que proclaman estupideces desde el partido obrero), fue Milcíades Peña. Te aconsejo leerlo.
Milcíades Peña fue, además, crítico de Perón. Un crítico feroz pero, sobre todo, acertado. Esa, por supuesto, es la crítica que más duele.
Sin embargo, para la historia Peña dejó un párrafo como este: Sindicalización masiva e integral del proletariado fabril y de los trbajadores asalariados en general. Democratización de las relaciones obrero-patronales en los sitios de trabajo y en las tratativas ante el Estado. Treinta y tres por ciento de aumento en la participación de los asalariados en el ingreso nacional. A eso se redujo toda la "revolución peronista".
A eso se redujo la revolucion peronista. Las comillas son de Milcíades. El desprecio también. Hoy miramos esas despreciables concesiones como un sueño poco menos que irrealizable.
Hago notar, también, que se decía que Eva guardaba para sí enormes sumas de dinero que decía repartir. Que Perón hacía negocios y negociados varios, que se enriquecían en la función pública. Y con todo el asco que pueda darme su último gobierno, cuando volvió muriéndose para sacar del poder a Cámpora -un olvidado presidente, de los mejores que hemos tenido- y pasarle la suma del poder público a una mujer sin luces y a un hombre que se dedicaba a apagarlas, lo cierto es que su primer gobierno fue el de los mayores logros de nuestra historia.
Y los papanatas de siempre buscan en los escritos de Perón -que apenas si puede encuadrarse como un hegeliano de segunda mano- las justificaciones teóricas de su política. Perón explicaba como podía lo que sabía que debía hacer. Entonces iba a la CGT y daba un discurso, para luego ir a la Bolsa y decir lo contrario. Es parte de la política. Como lo es el reunirse con empresarios. Si vos considerás que hay que salirse del sistema capitalista, firmo donde quieras. Pero eso sí, levantá el culo y empezá la revolución, porque desde el otro lado de la pantalla no suena muy inteligente el marxismo bloguero.
Dicen los revisionistas que ese avance habría ocurrido con o sin Perón. Ignoran (fingen ignorar) los revisionistas que uno de los revolucionarios del 43 fue Ramírez, y que antes estaba decidido el triunfo de Patrón Costas. Pero predecir el pasado es un ejercicio sumamente grato. Sólo Carrió y Biolcati, duchos en pifies, podrían errarle.
De vez en cuando, en estos blogs nos enteramos de alguna adquisición de los Kirchner. Nos enteramos, gracias a una activa tribu de trolls -muchos, sí, rentados- que se enriquecieron por una ley de la dictadura. Que no son buena gente. Que no quisiéramos invitarlos a almorzar. Que beben sangre de vírgenes las noches de luna llena.
¿Por qué para tanta gente es tan difícil superar la etapa prepolítica del análisis? De verdad, me resulta un enigma. Supongo que porque la moral es algo que nos fue incorporado en la educación, por nuestros padres y maestros, mientras la inteligencia política requiere un esfuerzo. Requiere ir a buscar ese conocimiento, pensarlo. Incluso, de ser posible, militarlo.
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Podría narrar varias anécdotas pero, para no extenderme (más), me quedaré con una: como soy muy cabrón, dejé de mirar canales de noticias hace años, antes de saber de la existencia de Kirchner. Parecía un loco malo insultando a la televisión. Muchas veces puteé a la clase política por no sacarse de encima al FMI. Finalmente, me convencí de que era un imposible. Un día, una amiga me llamó para ver la noticia en directo. Entre risas, esta chica me empujaba el maxilar hacia arriba porque yo, literalmente, estaba con la boca abierta. En un acto de prestidigitador, el presidente había dicho: les pagamos, chau, gracias de nada. Era posible.
Eso le agradezco a los Kirchner, y eso esperé siempre de la política. No que solucione todos los males ahora mismo. No espero, siquiera, llegar a vivir para ver todas las soluciones que quisiera. Espero que la política empuje los límites de lo posible. Era posible volver al sistema previsional. Era posible una ley de medios; al final, no era tan difícil diferenciar los mandatos católicos de la legislación civil. Era posible considerar hermanos a los países latinoamericanos.
Todos ven esos avances. Lo curioso, es que los ven más y mejor desde la oposición que desde el campo popular, desde, como vos decís, "quienes nos interesamos por la gente". A tal punto los ven, que Mirtha, olfateando el cambio de aires, denuncia que sufrió una desaparición en su familia. Biolcati habla en contra de los golpes de estado y el radicalismo puja por el 82 por ciento móvil para los jubilados. Han visto a tal punto los avances, que advirtieron que no era rentable golpear por derecha. Y hay ingenuos que, seguramente, les creen.
Por eso mi opción por los Kirchner. No porque sean lo mejor posible, sino porque son lo mejor que hay. Hoy. Mañana veremos. A largo plazo, decía Keynes, somos cadáveres.
Nota de la Edición: este es un texto seleccionado entre comentarios a un post. Su autor es Diego E. Nos pareció casi indispensable rescatarlo de entre tantos comentarios que se apilan, y darle publicación en forma de post, ya que los conceptos, la erudición y el criterio que manan de este texto, son una fórmula perfecta para contestar a tanto insatisfecho con el gobierno, que considera lo mismo a Macri que a Kirchner, porque prefiere mantenerse virginal persiguiendo el rumbo directo al Shangri-La, sin estaciones intermedias, antes que entrar en contacto con el "barro de la Historia", como dice Feinmann.
Dicho esto, espero que tomes el que te considere ingenuo como un esfuerzo de mi parte para evitar epítetos peores.
Sin embargo, creo que vale la pena aclarar, aunque más no sea para ejercer docencia de causas perdidas: nunca entenderé la costumbre de quedarse con menos porque se cree merecer más.
Me remito a la historia, no tan lejana. El mejor marxista que hemos tenido (un estudioso y militante de verdad, no de los que proclaman estupideces desde el partido obrero), fue Milcíades Peña. Te aconsejo leerlo.
Milcíades Peña fue, además, crítico de Perón. Un crítico feroz pero, sobre todo, acertado. Esa, por supuesto, es la crítica que más duele.
Sin embargo, para la historia Peña dejó un párrafo como este: Sindicalización masiva e integral del proletariado fabril y de los trbajadores asalariados en general. Democratización de las relaciones obrero-patronales en los sitios de trabajo y en las tratativas ante el Estado. Treinta y tres por ciento de aumento en la participación de los asalariados en el ingreso nacional. A eso se redujo toda la "revolución peronista".
A eso se redujo la revolucion peronista. Las comillas son de Milcíades. El desprecio también. Hoy miramos esas despreciables concesiones como un sueño poco menos que irrealizable.
Hago notar, también, que se decía que Eva guardaba para sí enormes sumas de dinero que decía repartir. Que Perón hacía negocios y negociados varios, que se enriquecían en la función pública. Y con todo el asco que pueda darme su último gobierno, cuando volvió muriéndose para sacar del poder a Cámpora -un olvidado presidente, de los mejores que hemos tenido- y pasarle la suma del poder público a una mujer sin luces y a un hombre que se dedicaba a apagarlas, lo cierto es que su primer gobierno fue el de los mayores logros de nuestra historia.
Y los papanatas de siempre buscan en los escritos de Perón -que apenas si puede encuadrarse como un hegeliano de segunda mano- las justificaciones teóricas de su política. Perón explicaba como podía lo que sabía que debía hacer. Entonces iba a la CGT y daba un discurso, para luego ir a la Bolsa y decir lo contrario. Es parte de la política. Como lo es el reunirse con empresarios. Si vos considerás que hay que salirse del sistema capitalista, firmo donde quieras. Pero eso sí, levantá el culo y empezá la revolución, porque desde el otro lado de la pantalla no suena muy inteligente el marxismo bloguero.
Dicen los revisionistas que ese avance habría ocurrido con o sin Perón. Ignoran (fingen ignorar) los revisionistas que uno de los revolucionarios del 43 fue Ramírez, y que antes estaba decidido el triunfo de Patrón Costas. Pero predecir el pasado es un ejercicio sumamente grato. Sólo Carrió y Biolcati, duchos en pifies, podrían errarle.
De vez en cuando, en estos blogs nos enteramos de alguna adquisición de los Kirchner. Nos enteramos, gracias a una activa tribu de trolls -muchos, sí, rentados- que se enriquecieron por una ley de la dictadura. Que no son buena gente. Que no quisiéramos invitarlos a almorzar. Que beben sangre de vírgenes las noches de luna llena.
¿Por qué para tanta gente es tan difícil superar la etapa prepolítica del análisis? De verdad, me resulta un enigma. Supongo que porque la moral es algo que nos fue incorporado en la educación, por nuestros padres y maestros, mientras la inteligencia política requiere un esfuerzo. Requiere ir a buscar ese conocimiento, pensarlo. Incluso, de ser posible, militarlo.
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Podría narrar varias anécdotas pero, para no extenderme (más), me quedaré con una: como soy muy cabrón, dejé de mirar canales de noticias hace años, antes de saber de la existencia de Kirchner. Parecía un loco malo insultando a la televisión. Muchas veces puteé a la clase política por no sacarse de encima al FMI. Finalmente, me convencí de que era un imposible. Un día, una amiga me llamó para ver la noticia en directo. Entre risas, esta chica me empujaba el maxilar hacia arriba porque yo, literalmente, estaba con la boca abierta. En un acto de prestidigitador, el presidente había dicho: les pagamos, chau, gracias de nada. Era posible.
Eso le agradezco a los Kirchner, y eso esperé siempre de la política. No que solucione todos los males ahora mismo. No espero, siquiera, llegar a vivir para ver todas las soluciones que quisiera. Espero que la política empuje los límites de lo posible. Era posible volver al sistema previsional. Era posible una ley de medios; al final, no era tan difícil diferenciar los mandatos católicos de la legislación civil. Era posible considerar hermanos a los países latinoamericanos.
Todos ven esos avances. Lo curioso, es que los ven más y mejor desde la oposición que desde el campo popular, desde, como vos decís, "quienes nos interesamos por la gente". A tal punto los ven, que Mirtha, olfateando el cambio de aires, denuncia que sufrió una desaparición en su familia. Biolcati habla en contra de los golpes de estado y el radicalismo puja por el 82 por ciento móvil para los jubilados. Han visto a tal punto los avances, que advirtieron que no era rentable golpear por derecha. Y hay ingenuos que, seguramente, les creen.
Por eso mi opción por los Kirchner. No porque sean lo mejor posible, sino porque son lo mejor que hay. Hoy. Mañana veremos. A largo plazo, decía Keynes, somos cadáveres.
Nota de la Edición: este es un texto seleccionado entre comentarios a un post. Su autor es Diego E. Nos pareció casi indispensable rescatarlo de entre tantos comentarios que se apilan, y darle publicación en forma de post, ya que los conceptos, la erudición y el criterio que manan de este texto, son una fórmula perfecta para contestar a tanto insatisfecho con el gobierno, que considera lo mismo a Macri que a Kirchner, porque prefiere mantenerse virginal persiguiendo el rumbo directo al Shangri-La, sin estaciones intermedias, antes que entrar en contacto con el "barro de la Historia", como dice Feinmann.