martes, 28 de diciembre de 2010

Palabras a José Pablo Feinmann

Estimado (y mucho) José Pablo Feinman:

Escribiste en el Libro I de la "Crítica de la Razón Imperial" este fragmento: "...Una de las grandes conquistas de la revolución comunicacional ha sido acostumbrarnos al horror de la historia. Podemos estar haciendo cualquier cosa, estar en cualquier parte, y veremos en la TV o en la tapa de algún diario alguna imagen atroz. O niños que mueren de hambre o Saddam Hussein a punto de ser ahorcado o las torturas en Guantánamoo en abu Ghraib. Seguiremos con lo nuestro. A lo sumo, se piensa, después se verá mejor y con más calma en Internet. Pero Internet es la muerte de la emoción. Es el reino de la errancia. Nadie se detiene en nada. Es una navegación infinita hacia una meta inalcanzable e incognoscible en medio de un universo virtual dentro del que nada significa nada. Este escamoteo del sentido, este aplanamiento de todo lo existente ("todo está en Internet"), esta imposibilidad de construir verdades en un universo que todo lo ahoga con la información, con el ir de un lado a otro, con el vértigo insensato de los links, es la esencia del homo internet, y que nadie se engañe con las redes de solidaridad o con esa incontinencia de subjetividades solitarias que son los blogs. Todo eso dura poco. Los seres humanos nacieron para comunicarse uno en presencia del otro (o, sin duda, esta comunicación es más rica que la virtual), mirarse a los ojos y para tocarse y hasta para olerse el aliento."

A veces, uno se autoriza a discrepar con quien admira, será quizá un buen signo, porque, al cabo, desde su lugar, puede reconocer que el Otro, ese con mayúsculas, tiene también sus fallas, sus agujeros, sus humanas inconsistencias, al menos desde la óptica de quien pueda sentirse interpelado por sus palabras. Y en definitiva, de eso se trata, ya sea usted, maestro en su función de remover el avispero del pensamiento, como en la mía, tratando de ser un lector desobediente. Porque en el justo momento en que me convierta en un lector obediente, se fue al demonio (el del discurso del poder, precisemos) su esfuerzo y el mío.

Una sola vez he tenido el gusto de escucharlo, y brevemente interactuar con usted, en el marco de Café Cultura Nación, en el viejo cine Cosmos, donde hablamos -entre tantas cosas- de las empresas de comunicación. Estaba allí junto con mi hijo mayor, dos generaciones compartiendo con usted y muchas otras personas, ese momento mágico de una reunión de personas desnudando su pensamiento, animándose a ir un paso más allá estimulado por lo que colectivamente se iba creando, tanto en el interior de esa sala, como en el afuera del país que se va forjando (homenaje a Scalabrini y Jauretche, orientadores en esta forja).

Tengo, pues, un invalorable recuerdo de ese encuentro, como de las reuniones de Carta Abierta a las que suelo concurrir, muchas de ellas una invitación al pensamiento. Pero me permito disentir, o quizá ni eso, sino abrir un paréntesis sobre aquella comunicación que no se efectúa "cara a cara", como es el caso de los blogs, ese dominio de pelotudos de Internet.

Mi franciscanamente humilde blog, leído seguramente por muy pocas personas, nació, como tantos otros, entre el 2008 y el 2009, hijos del intento destituyente de los empresarios agropecuarios, mediáticos y sus representantes políticos. Nacimos para apoyar un gobierno que se había propuesto recuperar tanta cosa infamemente birlada, desde la sangre de los desaparecidos, el rol del Estado, la idea de solidaridad como un pilar social, la cultura del laburo. Con nuestras pocas virtudes y excesivos defectos, fuimos, en el seno de una clase mayoritariamente adversa (aquella que puede acceder a las computadoras) la posibilidad de pensar que existe una versión de la realidad discrepante con la de los medios concentrados, cuando no había mucho más eco que el de Página/12, 6 7 8 y algunos programas radiales.Debo disentir con los conceptos de muerte de la emoción y reino de la errancia. Cada uno de nosotros lee a muchos otros, escrituras con infinidad de matices, enormemente ricas en su heterogeneidad. La emoción y las ideas se desplazan, se enhebran, se funden y se separan para volver a encontrarse. Generan, movilizan, alientan el sentir y el pensar. No digo de ningún modo que esto reemplace al "cara a cara", pero tampoco es sólo un hábito autocomplaciente de solitarios. Muchos de quienes escriben en sus blogs son auténticos militantes, personas que salen de sus tareas laborales y se van a seguirla en sus partidos (aclaro que no es mi caso) ¿Ellos también son boludos que tienen un blog? no creo merezcan una afirmación tan contundente. Y para no hacerlo tan tedioso, una referencia al tema de la información: si bien ésta no está ausente en los blogs, se me ocurre la cuestión trata más acerca de la construcción colectiva de una mirada, que de un hecho informativo en sí. Y si algo debe destacarse aquí son dos palabras: "construcción colectiva", construcción del sentido que se arquitectura desde el intercambio, y que formarán parte del bagaje con el cual diariamente discutimos con quién sea el país que tenemos y el país que soñamos.

Para finalizar, maestro, agradezco enormemente sus palabras provocadoras, porque ellas están en el origen de tantas otras que escribimos, intentando, a pesar de nuestras limitaciones, ser sujetos allí donde se nos espera manipulables como objetos.

Con el mayor de los respetos, lo saludo afectuosamente.