jueves, 16 de junio de 2011

Asignaturas pendientes

Publica Artemio López en su blog, que la base de EPH y una canasta básica elaborada por Consultora Equis para el GBA fijada en $267,86 por adulto equivalente y un coeficiente de engel de 2,16 para Diciembre del año 2010 muestra una baja récord de los niveles de pobreza e indigencia como se observa en el gráfico de apertura que muestra la evolución de ambos índices (click sobre la imagen para agrandar).

Se revierte así por primera vez el ciclo de suba de ambas carencias ininterrumpido como tendencia desde la recuperacíón democrática.

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Hace unos días, bromeando me cuestionaron porque me gustaban "mucho" los números. Es cierto, pero en verdad lo que me gusta son los datos duros, porque prefiero formarme una opinión, luego de analizar la realidad con los datos duros en la mano. Y los datos duros son números. Cierto que todo es interpretable; como siempre digo, los números no son la verdad, pero son imprecindibles para acercarse a ella.

En este gráfico se ven, desde mi modesto punto de vista, claramente algunas cosas: es evidente que se ha revertido la tendencia negativa de empobrecimiento de la sociedad argentina de las últimas décadas como producto de las políticas aplicadas en los últimos 8 años. Pero también se aprecia con claridad que en los últimos 3 años ha entrado el gráfico en una meseta. Cierto que hay que tener en cuenta que la crisis del campo -la mentada 125- y la consecuente debilidad política del gobierno en el año siguiente, sumado al fuerte golpe causado por la crisis internacional -que aún hoy asola el mundo desarrollado-, han jugado claramente en contra. Por esto hay que resaltar que es muy positivo que no hayan empeorado estos índices, seguramente debido a las políticas activas aplicadas, como la AUH.
Aún así, es allí donde claramente hay que seguir trabajando, y mejorando: en la redistribución del ingreso.
Y sobre esto creo que hay dos temas de los que no se hablan, y que para mí serían vitales para operar de manera positiva sobre estos datos que han ralentizado su evolución favorable: una reforma agraria y una reforma tributaria.

Ya he escrito en este medio sobre la debilidad de nuestro esquema tributario, que prácticamente no ha sufrido modificaciones en la última década, luego del desastre impositivo de la segunda y más infame de las décadas: la de los '90. He escuchado a insensatos diciendo que en Argentina el estado agobia con los impuestos, que sobran recursos, negando neciamente los datos duros de los que hablabamos, ya que aún debería crecer la recaudación un 25% más para igualar a Brasil, por no hablar de países desarrollados.
Entonces si asumimos como verdadero que falta aún mejorar, y mucho, en servicios básicos como educación, salud, justicia, seguridad, infraestructuras, deberíamos tener muy claro que es materialmente imposible que un país que recauda poco más del 30% del PBI pueda mejorar mucho más de lo que lo está haciendo. Sin estado no hay sociedad. Cuanto mejor nivel de vida tiene una sociedad, cuantos más y mejores servicios, mayor es el nivel de recaudación del estado, y mayor es la presencia de éste en la sociedad. También es mayor la capacidad operativa del estado ante situaciones críticas, o extraordinarias; basta observar que precisamente aquellos estados más débiles de Europa -Irlanda, Grecia, Portugal, España e Italia- son los que más fuerte han sufrido el impacto de la crisis actual. A menor estado más impacto.
Creo que como sociedad nos quedamos en los detalles, en la queja, y nunca vamos al fondo, analizamos más con las viseras que con los datos, nos confundimos creyendo que datos es el plural de anécdota. Debemos entender que no es posible tener los servicios públicos y las políticas sociales de los países desarrollados sin el esquema tributario de estos. No es serio, además de ser perverso, declarar que funcionan mal, o son escasos estos servicios, y no decir a continuación que Brasil recauda más del 36% del PIB, que España el 42%, que Francia y Alemania más del 45%, que el paraíso del capitalismo que es Suecia más del 50% del PBI, mientras nosotros, incluso luego de mejorar, como lo hemos hecho, cerca de un 60% en los últimos 8 años, aún estamos en un escaso 30%.
Aún restaría decir que no sólo es escasa la recaudación impositiva, también es injusta. Porque la carga de la imposición es mayor cuanto más abajo se esté en el nivel de ingresos; en vez de un esquema progresivo, en nuestro país los que más ganan son quienes menos pagan. Hay sectores económicos muy poderosos como por ejemplo el agropecuario que eluden y evaden ingentes recursos con los que el estado podría mejorar muchos servicios. Es larga la lista, pero no estaría mal comenzarla por los bienes suntuarios, unos de los ítems sobre los que más se eluden impuestos, lo que no sólo es injusto, también es una infamia.

Pero también creo muy necesaria una profunda reforma agraria, como han realizado todos los países que se han desarrollado. Hay estudios que indican con absoluta claridad, que las unidades productivas familiares -varíando según la zona, por calidad de la tierra, tipos de explotación, etc.- son mucho más eficientes y productivas que las grandes extensiones de terreno, además de incorporar mucho más mano de obra, con la consecuente dinamización económica de su zona de influencia. Adicionalmente, si esta reforma se realiza de manera coordinada con el INTA, puede mejorar y mucho los gráficos que dan inicio a este artículo, además de reparar una deuda histórica que tenemos como sociedad con los pueblos originarios.

Si Cristina Fernández gana finalmente en Octubre, y queda en una posición de fortaleza política, creo francamente que sería muy positivo que encare estos temas rápidamente.





Publicado en El Diario de Gualeguay.