lunes, 22 de diciembre de 2008

Hay que dar batalla ideológica

DOMINGO, 21 DE DICIEMBRE DE 2008
-REPORTAJE -
NUEVA ENTIDAD DE ECONOMISTAS HETERODOXOS

Matías Kulfas es presidente de la Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina, que fue presentada el último jueves. En este reportaje con Cash, explica las razones de su debate con los economistas ortodoxos que dominan la escena mediática.
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Por Fernando Krakowiak
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Un grupo de jóvenes economistas heterodoxos anunciaron el jueves la creación de la Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina (ADEA). Cash conversó con su flamante presidente, Matías Kulfas, quien explicó las motivaciones que los llevaron a organizarse, el modelo de país que defienden y las coincidencias que tienen con un gobierno, del cual muchos de ellos forman parte. Kulfas, de hecho, es director del Banco Nación.
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¿Por qué decidieron conformar esta asociación?
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–Cuando uno observa la evolución de la economía argentina en los últimos treinta años ve que hubo un fuerte cambio de modelo económico a partir de la dictadura militar, que inauguró una etapa de neoliberalismo, y recién en estos últimos cinco años comenzó a producirse un viraje. Sin embargo, la batalla ideológica está lejos de haber sido ganada porque la mayoría de los economistas viene calificando este viraje de inconsistente. Por eso consideramos que es necesario un espacio de reflexión que ayude a consolidar esta nueva etapa. Así como hubo veinticinco años de neoliberalismo que dejaron a la Argentina con un claro proceso de deterioro productivo y exclusión social ahora debemos ser capaces de aportar ideas para ayudar a consolidar un modelo de industrialización con una sociedad incluyente.
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¿De qué manera piensan intervenir?
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–Vamos a proponer un escenario de debate intelectual a partir de la organización de seminarios y de un gran congreso nacional que sea capaz de reunir a los economistas heterodoxos. La ortodoxia está muy organizada en torno a diferentes fundaciones y consultoras financiadas por sectores de poder. En cambio, el espacio heterodoxo está más disperso. Lo que buscamos es ir generando un mojón institucional que permita construir una agenda diferente de propuestas a mediano y largo plazo.
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¿Apuestan a convertirse en referentes del pensamiento heterodoxo?
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–AEDA va a ser una usina de pensamiento heterodoxo, pero también un espacio político. Nos planteamos como un grupo de fuerte sustentabilidad intelectual y basamento científico, pero no ocultamos nuestra ideología. Estamos convencidos de que el discurso económico encierra valores e ideología. La confusión surge porque las escuelas ortodoxas pretender ocultar ese halo de ideología bajo la forma de una teoría científica, pero esas teorías también tienen ideología, tanto en los supuestos que encierran sus modelos como en sus valoraciones. Cuando un economista plantea que lo fundamental es la libertad de mercado, está diciendo que le es indistinto que se genere pleno empleo o que haya una desocupación del 30 por ciento. Nosotros priorizamos una sociedad incluyente con pleno empleo y no aceptamos los mercados como son. Lo que uno tiene que hacer es revelarse contra las estructuras productivas desequilibradas que generan exclusión social.
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Algunos miembros de la asociación son funcionarios y otros no, ¿cómo piensan resolver esa tensión entre quienes forman parte del gobierno y quienes tienen una posición más crítica?
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–En la asociación hay algunos que somos kirchneristas, otros que no lo son pero comparten el rumbo económico y otros que tienen una posición más crítica. Sin embargo, todos compartimos una serie de valores que hacen al proyecto nacional. Lo que planteamos es un esquema que implique priorizar la industrialización y el pleno empleo y tomar distancia de esta globalización financiera que impulsó el libre flujo de capitales con el argumento de que iba a generar mayores oportunidades para los países menos desarrollados y terminó generando todo lo contrario.
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Usted señaló que muchos economistas califican de inconsistente el modelo actual y que es necesario dar una batalla ideológica para combatir esa imagen, ¿cuáles son los principales argumentos a refutar?
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–Si se repasan los últimos años, puede verse que al principio se calificaba a la recuperación como un veranito o un rebote y ante la menor señal de desaceleración de algún indicador se decía que se venía el amesetamiento y la verdad es que tuvimos seis años de crecimiento ininterrumpido. Hay que dejar en claro que es posible hacer una gestión macroeconómica pragmática y eficaz en la cual el tipo de cambio pueda jugar un papel importante. La estructura productiva desequilibrada que tiene nuestro país fue compensada con tipos de cambios diferenciales, un tipo de cambio para el agro y otro para la industria. La ortodoxia económica afirma que este esquema es inconsistente, cuando en realidad es sólo un esquema de desarrollo diferente al que había aplicado el país en los últimos 25 años. Es necesario explicar que este esquema es consistente y que tiene consecuencias muy claras en materia económica y social. Si el tipo de cambio se hubiese apreciado seguramente el esquema de crecimiento habría sido muy distinto y el desempleo y la pobreza serían mayores.
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-Ahora también surgen diferencias con la ortodoxia económica al momento de explicar la crisis. Muchos economistas dicen que la situación actual no es sólo una consecuencia de lo que sucede en los países desarrollados sino de errores internos.
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–Lo que se observa son fuertes señales de desaceleración económica que tienen que ver con los coletazos de la crisis internacional. No verlo así revela una concepción muy parcial que lleva a conclusiones equivocadas. Es una crisis inédita. Por primera vez aparece una quiebra en cadena de algunas instituciones muy poderosas y naturalmente eso se traslada a la esfera real de la economía y termina impactando en los países en desarrollo. El principal factor de desaceleración es la crisis internacional, aunque es importante señalar que estamos en una mejor situación para enfrentar esa crisis. En los ‘90, Argentina enfrentó las crisis internacionales con déficit fiscal, comercial y con un menor nivel de reservas. Ahora el impacto es menor y se puede estar preparado para salir adelante más rápido.
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Publicado por Ezequiel Meler en 22:00
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