miércoles, 9 de mayo de 2012

Decirte adiós a vos... ya ves, no puede ser

"Esta ciudad que yo creí mi pasado es mi porvenir, mi presente; los años que he vivido en Europa son ilusorios, yo estaba siempre (y estaré) en Buenos Aires."


Las estadísticas del ministerio de exteriores español informadas hace un par de años por medios españoles, indicaban que más del 90% de los argentinos que emigraron a España después de la crisis de 2001 había retornado. Francamente esto recién en el último año empecé a notarlo con claridad.
Ahora las conversaciones con los compatriotas que siguen viviendo en España giran en torno a: ¿Sabés quién otro se vuelve? Y ya el chiste empieza a ser ¿Alguien se queda? O el inevitable: el último que apague la luz.

Debo decir con franqueza que a mí la política de partidos no me interesa particularmente. Sé que hay pasiones desatadas y hay gente que está muy de acuerdo y otra que está muy en contra (no sabría decir cuál de los dos grupos con más ahínco francamente, aunque por hacer balances positivos del actual gobierno he recibidos insultos y descalificaciones como nunca antes en mi vida); yo lo miro desde otro punto de vista: el de las estadísticas económicas. Y diré que leo bastantes, y de analistas con diferentes enfoques (que es lo que importa), y en general hay una línea que se mantiene en las conclusiones.

Pero antes que esas estadísticas que me animan por cierto, hay otra que es la que yo hago, que no me la cuenta nadie, y en la que efectivamente nos basamos para tomar la decisión de volver: cuando nos fuimos del pago hace ya 9 años, de nuestro grupo más cercano, del que conocemos más o menos los detalles (amigos y familiares), ese grupo que todos tenemos de mayor o menor dimensión (que en nuestro caso es lo suficientemente amplio como para afirmar que es válido como muestra), estaban todos jodidos. Sin trabajo como yo había varios, en la cuerda floja muchos más, mermándoles el salario otros tantos, y los pocos que estaban "tranquilos" cortaban clavos. Pero no sólo eso, es que todos estaban de alguna u otra manera descapitalizándose (autos, casas, electrodomésticos, etc.). Y en cambio ahora, todos y cada uno de ellos tienen trabajo, la gran mayoría está bien en el trabajo, con actualizaciones salariales permanentes. No hay ninguno sin trabajo (no es que hay pocos, es que no hay ninguno), y como estadística es impactante. Pero no sólo eso, todos los que la tenían pudieron pagar su hipoteca, o han cambiado para mejor el coche, y todos se han ido de vacaciones. ¡Todos! Y yo les creo, porque varios de ellos me cuentan que les va bien después de pasarse cinco minutos quejándose intensamente del actual gobierno.
Evidentemente sé que hay otros sectores menos favorecidos históricamente, que aún padecen muchas dificultades. Si la tasa de desocupación bajó del 7% también significa que todavía no hay pleno empleo. Además de que aún sigue habiendo niveles altos de pobreza e indigencia, aunque es innegable salvo necedad insalvable que estas estadísticas han mejorado claramente. Y sé que hay un sector menos afortunado, que no tuvo la suerte de acceder a niveles de educación adecuados, que aún incluidos en el mercado laboral siguen siendo pobres, muchos de los cuales siguen sumergidos en la economía informal. Algún ciego puede creer que ya estamos en el paraíso, pero sólo los necios creen que no salimos del infierno.

Exceptuando a un amigo que sé que se va a Uruguay, todos los demás compatriotas se vuelven a Argentina. ¿Por qué? Porque sus familias y amigos les cuentan que allá hay trabajo. Algunos de sus amigos y familiares también se quejan, pero así como a mí me pasa, cuando les preguntan cómo les va en lo personal, a todos les va mejor. Salvo algunos pocos a los que les va realmente bien y ni se les cruza la idea de volverse, de todos los demás que aún no se fueron ninguno descarta volver. Es más, la mayoría lo supone muy probable. ¿Por qué? Porque la familia les cuenta que allá ahora hay trabajo y ven que en España al menos por los próximos 4 ó 5 años todo irá a peor. Textual: las cosas suben, pero hay trabajo y se puede vivir bien. Y saben que el panorama europeo, sobre todo el español, es alarmante. Estaban al borde de un precipicio, y parecen decididos a dar un par de pasos hacia adelante.

Finalmente, la conclusión es que si hace 9 años cuando nos fuimos allá hubiera habido trabajo como ahora, no habríamos decidido emigrar. Y nuestro planteo es: si todos, no la mayoría, todos aquellos de nuestro entorno tienen trabajo y pueden vivir, porqué nosotros no. Y es que además, de la gente que conocemos que ya se han vuelto, todos ellos están trabajando y viviendo con normalidad.
Argentina siempre fue algo desordenada, eso lo sabemos, no esperamos que ahora sea mejor, y perderemos calidad de vida, porque aún con la enorme crisis que hay en España resiste el estado del bienestar (los subsidios para los vagos que pagan los giles). Claro que esto es de momento, porque se están realizando insensatos esfuerzos por debilitarlo.
Nos fuimos de Argentina, con el inmenso dolor de alejarnos de nuestras familias y amigos más queridos, porque asumimos que no habría trabajo, y no queríamos que nuestra hija padezca lo duro de crecer soportando escaseces. Fuimos egoístas, es verdad; también que afortunadamente nos equivocamos. No miramos quien gobernaba allá o aquí. Si dentro de cinco años la insensatez histórica de nuestros compatriotas permite que volvamos a lo que pasaba cuando nos fuimos hace una década, y la desocupación y la pobreza vuelven a aquellos niveles, ya me preocupa menos, el egoísta y personal objetivo está cumplido.

La decisión de retornar la tomamos hace más de dos (2) años, y recién ahora la pudimos organizar efectivamente. ¿Por qué? Porque en el capitalismo mágico sólo son libres los capitales, y nosotros no lo somos. Como dice la primera ley del capitalismo mágico acuñada por mí, y que debería registrar ya que se cumple de forma inexorable: "la libertad de las personas es inversamente proporcional a la libertad de los capitales".

Hubo un tiempo en que vivía escondido tras mi innegociable pureza intelectual; pero ahora, afortunadamente he empeorado, y sólo quiero ser feliz...



La imagen que ilustra esta entrada corresponde a un oleo de la serie de paisajes urbanos del artista español Ernest Descals sobre el Café Tortoni de Buenos Aires.




Filmado en el MALBA y en exteriores diversos Track Nro. 8 del CD "Ciudadana". Nominado a los Premios GRAMMY Latino "Mejor Album de Tango 2004".

El arrabal es el reflejo de nuestro tedio. Mis pasos claudicaron cuando iban a pisar el horizonte y quedé entre las casas, cuadriculadas en manzanas diferentes e iguales como si fueran todas ellas monótonos recuerdos repetidos de una sola manzana. El pastito precario, desesperadamente esperanzado, salpicaba las piedras de la calle y divisé en la hondura los naipes de colores del poniente y sentí Buenos Aires. Esta ciudad que yo creí mi pasado es mi porvenir, mi presente; los años que he vivido en Europa son ilusorios, yo estaba siempre (y estaré) en Buenos Aires.

"Arrabal", de Jorge Luis Borges. Poema perteneciente a "Fervor de Buenos Aires" (1923).


Publicado en Descubriendo los tesoros y en El Diario de Gualeguay.