jueves, 1 de diciembre de 2011

IRH y ART

Hace unos días, mis estimados y (cada vez más) escasos seguidores, este polígrafo, de nula fama y vulgares temáticas, especuló sobre la composición del gabinete de ministros que acompañarían la segunda presidencia de nuestra actual primera mandataria.

Allí, sin mayores explicaciones, vuestro cronista supuso que esta – digamos – 2da. etapa, tendría algunas marcas reconocibles:“Una equilibrada dosis de izquierda cultural, para sostener el relato (sin comillas) y derecha económica, para aplicar el ajuste (también, sin comillas) necesario.”
Poca repercusión tuvieron estas palabras, a fuer de sinceros. Sin embargo, el correr de los días nos deparó alguna que otra novedad, que sin llegar a ser sorpresa para quién esto escribe, indujo perplejidad en muchos otros.
La creación del Instituto de Revisionismo Histórico podría, supone este escriba, inscribirse dentro de un conjunto de medidas tendientes a colmar las expectativas y deseos de quienes se reconocen en tradiciones culturales de la izquierda nacional, por ejemplo.
Años ha vuestro polígrafo desafió la paciencia de muchos doctos profesores del Departamento de Historia de la UNR citando a figuras que hoy suenan reivindicadas por la creación del IRH.
De Pérez Amuchástegui a Jauretche, de Hernández Arregui y su “Formación de la Conciencia Nacional” y sus polémicas con Sábato a Scalabrini Ortiz con su documentada investigación sobre los ferrocarriles. Y hay más, claro. ¿Cómo no dar cuenta de la brillante prosa del colorado Ramos y su saga “Revolución y Contrarevolución en la Argentina”?
Bienvenido pues, el IRH, tanto para rescatar nuestra historia, como para confirmar las previsiones de este humilde cronista.
La segunda parte de la especulación sobre los cargos ministeriales tiene, no lo negaremos, aristas más polémicas. No es de buena educación, nos inculcan, andar citándose a uno mismo todo el tiempo, pero – como ya lo sabrán los tozudos seguidores de esta bitácora – el polígrafo del Barrio La República nunca se ha caracterizado por ser devoto de la corrección política ni le ha esquivado el bulto a la discusión. Es así como en ciertos ámbitos no muy inclinados a la apreciación de matices y paleta de colores puso este escriba su molesta pica, postulando que no todo es igual, y que el interés de los trabajadores y las clases subordinadas es el desarrollo de las fuerzas productivas.
Allí se dice: “En la relación dialéctica entre las clases, sus enfrentamientos estructurales o sus alianzas coyunturales en función de la relación de fuerzas, el proletariado y sus clases aliadas “pueden” aprovechar la debilidad estructural del capital vinculado al mercado interno en su disputa con aquella fracción orientada hacia la exportación para obtener mejoras y fortalecerse en vista a una posición superior desde la cuál continuar la lucha.El peronismo, como proyecto burgués, propone la conciliación de las clases, en aras de consolidar la dominación del capital. Pero entenderíamos muy mal al capital si creemos que su objetivo es la consolidación de su dominio social. Este es un medio, el objetivo – siempre lo fue – es la maximización el beneficio. Ocurre que éste objetivo según si su producción se vuelca al mercado interno o no, puede desarrollar o retardar el desarrollo de las fuerzas productivas. El interés del proletariado es su desarrollo (no cualquiera, por supuesto), por tanto, ante una situación en la que un proyecto propone (y va cumpliendo) parte de este programa y otro bloque burgués anuncia políticas que llevan hacia su retroceso, la opción es clara.
Quizás necesite alguna aclaración, dirán los refutadores de leyendas. Pues bien, replica vuestro polígrafo, más amante de la poesía pero devenido en duro analista de los fenómenos sociales, en pocas palabras sería así: entre la pena y la nada elijo la pena.
Hecha esta pertinente aclaración, volveremos – dado que en este humilde blog se hace lo que los lectores piden – al objeto primero de estas líneas: “Una equilibrada dosis de izquierda cultural, para sostener el relato y derecha económica, para aplicar el ajuste …”
Hace un año ¡Caramba! en esta página se interpretaron ciertas señales como, digamos, una “leve corrección del rumbo“. Sin dar, por otra parte, a esto más que una relativa importancia.
Allí decía este cronista: “…los tiempos políticos cortos imponen medidas redistribucionistas, se sabe: las elecciones se ganan por izquierda, aunque las llamas de las tensiones inflacionarias inherentes al modelo hoy, nos chamusquen un poco.

En el mediano plazo, sin embargo, se impone relanzar un nuevo ciclo de acumulación, es decir: inversión y ahorro.
Como la generación de riqueza tiene un único origen, que es el trabajo, esto implicará un nuevo paradigma redistributivo: hacia arriba. Allí, estimo, tropezarán con los límites del capitalismo argento”

Ya en el curso de este trascendental 2011, allá por Junio, vuestro dubitativo anfitrión se preguntaba si acaso no se estaba llegando – económicamente, lo que quiere decir: políticamente – a ciertos límites. Siempre atento a buscar respuestas que nadie pide a preguntas que nadie se hizo el polígrafo del Barrio La República, a la sazón quién con esto prosigue aburriendo a sus lectores, decía: El éxito del modelo, se ve, contiene el germen de su propia debacle. Ahora bien, dado que la preeminencia, imperio o simple soledad de la economía a la hora de digitar nuestras pobres existencias es una religión que profesan los liberales (y algunos marxistas sui generis) aquellos que comulgamos en el altar de la política deberíamos poder atrevernos a pensar en alternativas que emparchen, remienden, renueven, relancen o – más sencillamente – propongan continuidades virtuosas y rupturas con los vicios.”
El correr de los meses, con la (buena) nueva de un categórico triunfo electoral que obró como óleo santo sobre la legitimidad del actual gobierno, fue revelando que los avatares económicos del hemisferio norte no pasarían sin algún impacto sobre las cuentas fiscales, los bolsillos de los contribuyentes y las asistencias sociales, parecería incluso.
En este sentido, el gobierno ha tomado medidas que no por demoradas dejan de ser bienvenidas.
Y otras ¡Por fin, allá vamos! que no por sospechadas deberían dejar de ser repudiadas: púdicamente el diario Página/12, comenta sin citar: También reclamó un acuerdo entre sectores para reducir la incidencia de los juicios por accidente en la construcción”
Bellas palabras, para relatar que el gobierno, preocupado por no lesionar la necesaria rentabilidad de la industria de la construcción promueve mejorarla por la vía de reducir la litigiosidad. Si ya está la ART, que le pagará a los deudos, ¿Para qué abrir segundas vías de reclamos ante el fuero civil?
Las recatadas expresiones de apoyo a la iniciativa por parte de los capitalistas de la construcción no deberían llamarnos a engaños: es por el bien de los trabajadores. De respetar medidas de seguridad, ni hablar, sería de mal gusto en ciertos ámbitos.
El polígrafo del Barrio La República, poco afecto a definiciones tajantes y partidario de contar los porotos propios y ajenos para saber si pelear o negociar, no le huye el cuerpo a la contundencia en este caso: Así no, Cris, así no.
En la certeza de que nada de lo que aquí se dijo le importará a nadie, no dejará vuestro escriba de romper una lanza más, por blanda que su asta sea, desde el mismo lado de la trinchera en el que siempre estuvo. Sin necesidad de correrse ni un cachito, mis estimados.
Buenas noches !