miércoles, 19 de octubre de 2011

Indignados del mundo, embarraos

Nota publicada en El Diario de Gualeguay.

Por no querer escucharnos...
... tendréis que volver a oírnos!

Dice Juan Ramón Mora, Barcelona, 1967. Dibujante de humor gráfico, decidido por la autopublicación en la red.

Y sí, se ha dicho alto y claro. Cientos de miles de manifestantes a lo largo y ancho del planeta global. Ante la globalización de la insensibilidad, también se globaliza la indignación.

Sin embargo, permitanme este humildísimo ejercicio, el gallo rojo es valiente pero el negro es traicionero. Ay! Qué desencanto! Si se llevara el viento (una vez más) lo que yo canto...

Con todo respeto por los indignados y sus manifestaciones -a las que acuden muchísimos amigos y compañeros, y cuyas motivaciones son absolutamente legítimas y en líneas generales comparto-, debo decir que en España -al menos, que es lo que más conozco- me parece que todavía no se entiende que la cuestión sigue siendo quién tiene el poder. Poder al que se accede mediante el ejercicio de la política. Mejor o peor, equivocándote o acertando.
Todo es muy lindo, y produce emoción, pero sólo haremos hermosas canciones y películas inolvidables que nos harán emocionar, si todo esto no es para conquistar el poder, porque nuestras vidas seguirán igual.

También es verdad, faltaría más, que somos muchos los indignados ante la insensibilidad del poder, y mejor que estemos en las calles que viendo TV en casa, estoy de acuerdo con eso, naturalmente. Lo único que digo es que me parece que mientras no se de el paso hacia adelante para darle un curso político, todo esto no será más que algo bonito. Sé que ese paso ensuciará, y que meterse en ese barro a muchos los hará retroceder, porque a muchos los aterroriza salir de ese perfecto escondite que es su inmaculada pureza intelectual. Pero me concederán que si esto no entra en el barro de la política quedará en momentos maravillosos, pero la realidad seguirá por el mismo camino.

Porque para poder hace falta poder, y el poder se construye y se conquista. Los escucho (sí, francamente no logro sentirme parte) y me gusta mucho lo que dicen, y digo: qué bueno que al fin hayan abandonado el pasotismo y estén intentando ser los dueños de su futuro, pero es que ese futuro se hace desde los salones del poder. El pueblo unido en las calles tiene potencia si le da sustento y soporte a un política de defensa de los intereses de ese pueblo, pero sucede que para llevar adelante esa política, hace falta estar dentro de la política.

Y esto todos nosotros lo sabemos. Lo sabemos muy bien.