domingo, 10 de octubre de 2010

Yo tampoco lo entiendo

Circula en estos día por correo electrónico y las distintas redes sociales, un artículo crítico sobre el actual gobierno argentino y nuestra cultura política como país, que usa a Maradona como nudo de unión en la crítica.

Qué obsesión con Maradona, madre de dios. Y mirá que Carlin es un tipo serio, muy sensato en sus opiniones. Me gusta leerlo porque no simplifica incluso cuando habla de Maradona, algo de lo que casi nadie es capaz. Cuando habla de fútbol que es de lo que sabe, claro.

Curiosos defensores de nuestras libertades económicas quienes protegen a sus propios vecinos y vuelcan miles de millones a sus mercados financieros, y luego nos acusan de estatistas y populistas por subvencionar la felicidad de nuestros niños.
Seamos claros, la única diferencia real, importante, que marque un contraste objetivo, concreto, entre Argentina y cualquiera de los países que llamamos serios, de los que moriríamos por que Argentina se parezca a ellos, es la recaudación fiscal en términos del PIB. Nombren a cualquier país que les gustaría, y en todos hay mucho más estado, mucho más gasto en términos del PIB, y mucha más subvenciones a los que les va mal. Y cuanto mejor se vive en él, mucho más.
Claro, antes la sociedad debió pagar sus impuestos, y ahí sí que no nos parecemos en nada. Y cuanto más tienen más pagan. En nuestra amada Argentina, en términos del PIB se recauda mucho menos, pero es aún más dramático que esto está basado en lo que se obtiene de los sectores bajos y medios, dado que dónde se debería recaudar que es en las capas altas por nivel de ingreso los niveles de elusión y de evasión son escandalosos. Y cuando les quisieron cobrar algo de lo muchísimo que no pagan se armó la gorda. Y cuando se quiera volver a discutir este tema fundamental, la madre de todos los temas, se volverá a armar.

Estos chicos pueden opinar lo que quieran. Pero yo también puedo opinar lo que quiera, incluso sobre sus opiniones y lo que ellas describen. Carlos Perini puede elogiar desde su posición como psicólogo la salud mental de Nestor Kirchner enfrentada con otros referentes más tradicionales de la política nacional, y unos años después escribir un compendio de prejuicios sociales, políticos, ideológicos. John Carlín puede decir un día que si Maradona no existiera habría que inventarlo para el bien de fútbol como juego, y luego de un partido decir que fue un fracaso aquello que tan ardientemente elogiaba a modo de disculpas por no haber creído en él.
Tienen todo el derecho y la libertad para hacerlo, porque como dice Robert Cox nunca hubo en Argentina tanta libertad para opinar como hoy. Pero yo también puedo opinar lo que quiera, y puedo describir la realidad que veo. Y puedo creer que si El País publica esto es por su comunión de intereses económicos y no para darle canal de expresión a estos chicos para opinar. Incluso diré que comparto algo de lo que dicen luego de limpiarlo de prejuicios, y no será la primera vez que yo lo diga, por algo nunca creí en el peronismo; pero también debo decir que mucho menos creo en los otros actores protagónicos de la política argentina, que incluso llegan a ser aún peores en muchos aspectos.

Lo que lamento es que siempre que se critica el lado malo de la realidad actual, que lo tiene y mucho, lo sé, es con el afán de destruir el lado bueno, que lo tiene y mucho, y también lo sé. Y esta atervida afirmación la hago porque sólo se resalta lo malo y nunca, nunca se dice: "pero reconozcamos que".

Lo que tiene a favor el actual gobierno argentino, que a nadie le quepan dudas, es que si bien es cierto que son algo irregulares, con momentos brillantes pero con momentos muy mediocres, todos los demás con opciones ciertas de gobernar son muchísimo, pero muchísimo peores. Sin embargo, también hay que decir que por mucho que querramos escudarnos en los políticos culpándolos de todos nuestros males, no bajaron de Marte, salieron de nosotros mismos, son como nosotros somos. Como nosotros que ahora estamos pasándonos una nota de un periódico español, no muy confiable por cierto, como si fuera la sagrada Biblia.
Qué podemos esperar si fuimos capaces de dejarnos convencer de que Illia era un desastre gobernando, cuando fue seguramente el mejor gobierno que tuvimos nunca.

Lo bueno que me pasó, o que conseguí que me pase, es que en la esquina de casa están tiradas todas mis banderas políticas, las que más quería también, sólo me quedé con mi ideología. Quizá debamos confiar más en nuestras ideas y en nuestro corazón. Ser más sentipensantes.

Yo tampoco lo entiendo Diego.




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4 comentarios:

Rafa Cuadrado dijo...

Esta entrada la fui escribiendo y modificando durante los últimos tres días. La entrada que hace unos días posteó Sujeto también me modificó la percepción. Y todos los debates que mantuve sobre este tema en diferentes foros.
Durante todo este tiempo nunca supe realmente a qué me refería, de qué hablaba y con quién hablaba. Finalmente lo entendí, hablo de nosotros. Todo esto habla de nosotros. Y de nuestra inexplicable tendencia a ver sólo la paja del ojo ajeno.

Saludos,

Eva Row dijo...

Siempre me conmuevo leyéndote. Me encantó el video. Saludos Rafa.

Diego E. dijo...

En realidad, es parte de la lógica colonial de nuestras elites. No es casual que el artículo haya sido publicado en la madre patria.

Es la misma lógica colonial que lleva a los porteños a escribir artículos burdamente discriminatorios pero falsamente bucólicos sobre "el hombre del interior", o que convierte a cada intelectual que ve abiertas las puertas de La Nación en un extraño que ve a su propio país como algo amorfo y bárbaro que no lo merece.

Parándose afuera y lejos de las pasiones, las experiencias, los dolores de un compatriota cualquiera (Maradona sirve, por potencia simbólica, apenas de referente fácilmente identificable, pero podría ser otro) el propio autor cree salir moralmente fortalecido, y el grupo al cual dirige el texto tiene el placer de formar parte de una elite pletórica de pureza moral e intelectual. Esa misma elite que evade impuestos, alquila asesinos y termina generando las condiciones para que haya gente que viva en villas. Como la que vio crecer, precisamente, a Maradona.

Porque esta gente, siempre, olvida que Maradona creció en una Villa. Que era un condenado más, y salió a fuerza de talento. ¿Eso no es una metáfora argentina?. ¿Por qué no tomar otros símbolos?. Por ejemplo:

Patricia Bullrich Pueyrredón. Tuvo todas las posibilidades para ser culta, talentosa, y una auténtica líder. Consiguió ser una malhablada, bastante grosera, de ideas tilingas e incapaz de liderar un cócktel.

Mauricio Macri. No le faltó nada. Ni escuelas privadas (dicen que de buen nivel, aunque no he visto a un egresado del Newman que no me de vergüenza ajena), ni profesores a su disposición, ni contactos a alto nivel. Lo que consiguió fue: hacer tambalear unas cuantas empresas del padre, chapucear un inglés vergonzoso e ininteligible, pensar que la CIA o el Mossad son comodines a los cuales referirse al hablar de seguridad (esto permite comprender sus conocimientos de geopolítica), hablar con el léxico de un preadolescente y ser un papelón con patas. Curiosamente, nadie piensa en "cómo nos ven en en el exterior" por culpa de Macri.

Podría seguir porque los ejemplos abundan, pero para qué agotar al lector.

La diferencia entre Maradona y los autores de ese texto, es que Maradona llegó a ser el más grande en su actividad sin necesidad de achicar al resto. Estos, en cambio, necesitan convertir en enanos a sus adversarios, porque es la única forma en que pueden sentirse algo así como gigantes.

Rafa Cuadrado dijo...

Diego, el final de tu comentario, si me lo permitís, lo firmo al lado tuyo. Es algo que me molesta, y mucho, esa puta costumbre de pretender empujar al otro hacia abajo para parecer más alto.

Un abrazo,